DE LA REVISTA PUBLICADA EN OCASIÓN DE LA CELEBRACIÓN DE 75 AÑOS DE PRESENCIA SOMASCA EN AMÉRICA (1996):

ENTREVISTA CON EL PADRE FEDERICO SANGIANO+

Por  José G. Berríos

+P. Sangiano falleció el pasado 16 de mayo

 

¿Cuándo nació, a qué edad y qué le motivó entrar en la Congregación?

Nací el 23-10-1926 en Italia. Entré a la Congregación a la edad de 12 años en el seminario menor. En mi pueblo era acólito de la parroquia, todos los días ayudaba a Misa. Un día llegué a Cherasco, para un examen que se tenía que dar en aquel entonces para pasar de la primaria a la secundaria y me hospedé en el lugar donde estaba el seminario-colegio somasco; fue allí donde un padre empezó a platicarme y hablarme de la vida somasca. Entré al seminario en octubre de ese mismo año (1938), a primer año de secundaria y allí me quedé cuatro años.

 

 

Aparte de sus estudios eclesiásticos de filosofía y teología ¿Se dedicó a estudiar otra carrera?

Sí, yo estudié y obtuve el título de maestro de primaria y al terminar los estudios en Roma conseguí mi licenciatura en teología.

 

¿Cuál fue su experiencia en la segunda guerra mundial?

Yo ya estaba en la Congregación, y en Italia la guerra comenzó el 10 de junio de 1940 y en esos días llegaban los aviones a bombardear por allí. Tuvimos que sufrir hambre porque la alimentación era escasa.

Recuerdo que una vez llegaron a bombardear un tren con armas, estábamos en Corbetta y la explosión quebró todos los vidrios de nuestro seminario, y era invierno con temperaturas de hasta 20º bajo cero y tuvimos que poner tablas. Sí, fue una vida bastante sacrificada.

 

¿Cuáles fueron los inicios de su viaje a Centro América?

A partir de 1953 estuve unos meses en un colegio donde había un grupo de seminaristas: Casale de Monferrato, una casa que ya no tenemos y allí en ese grupo también cursaba el primer año de secundaria el actual P. General Bruno Luppi.

En ese lugar y año fue cuando llegó el P. Provincial José Boeris y me propuso venir a América, porque había que suplir a un padre que tenía la mamá muy enferma y tenía que regresar a Italia. Para aquella fecha ya habían muerto mis padres. Yo lo pensé un poco y después acepté.

 

¿Viajo sólo?

En esa ocasión venía sólo yo. El día anterior había llegado a Génova el P. Oreste Nebiolo por la enfermedad de su mamá y yo venía a remplazarlo. Salí el siguiente día en un barco de pasajeros y carga; por eso duró bastante tiempo el viaje, porque paraba en cada puerto para cargar y descargar. Y en el barco venía un grupo de inmigrantes italianos para Costa Rica, de modo que yo estaba con ellos y de ser posible todos los días les celebraba la Eucaristía, a la vez atendía los niños que eran bastantes. Salí el 12 de marzo de 1954 y llegué el 25 de abril siguiente, tardé 45 días: de todos los religiosos italianos yo fui quien tuvo la travesía más larga por barco.

 

La Libertad, Comayagua,

Honduras

Guacotecti, Cabañas,

El Salvador

La Ceiba, San Salvador,

El Salvador

 

¿Cuéntenos algo del inicio de sus actividades?

Llegué a El Salvador y me quede 15 días en El Calvario. Después me trasladaron a Honduras a la parroquia y el seminario que teníamos en La Libertad de Comayagua, me acompañó el P. Agustín. El 10 de mayo llegamos a Tegucigalpa en avión, la primera vez que viajaba en avión. Al día siguiente fuimos a Comayagua, luego a La Libertad que distaba 50 kms. y para llegar había que ir parte por tierra en camioneta y parte a caballo. Llegué a La Libertad el 12 de mayo de 1954.

     

¿Cómo fueron sus primeras experiencias con el idioma y el ambiente?

De español no sabía nada. Lo aprendí a los pocos meses sin estudiar la gramática más bien leyendo y oyendo. En la casa de La Libertad no había ni agua ni luz, ni pan, se comía tortilla, aprendí a comer tortilla.

La gente y los padres eran muy bondadosos. Allí estaba el P. Juan Massaia, el P. Francisco Macera y había también comunicación con los padres que estaban en Comayagua, con el P. Juan Garassino.

Me encargaron de un pequeño grupo de seminaristas y a la vez también ayudaba en la parroquia. Esta era extensa, donde había que recorrer aldeas que estaban hasta 50 km. de distancia, todo a caballo, no había ningún otro medio de transporte.

Allí me quede año y medio hasta diciembre de 1955 cuando me trasladaron a El Salvador al Seminario de Guacotecti cerca de Sensuntepeque, Cabañas.

 
 

¿Qué apostolado ha desarrollado en la Provincia?

Estuve en el Seminario de la Ceiba hasta principios de 1968. En enero de ese año me trasladaron para México a la parroquia de San Juan Ixtacala, fui párroco hasta junio de 1972. Luego el Padre Provincial Juan Massaia me dio por escrito la obediencia para que fuera a La Ceiba, para lograr de que yo cambiara un poco el ambiente que todavía tenía de correccional. Estuve allí solamente 6 meses.

   

En enero de 1973, primero me habían dado la obediencia de pasar a San Pedrito en Guatemala, pero a la semana siguiente me dijeron que no, que pasara a El Calvario y en ese mismo año en 1973 en abril, me nombraron párroco, quedando todavía de superior el P. Agustín. Estuve allí hasta fines de 1980 cuando fui elegido Provincial.

 Por el nombramiento de provincial me pasé a Guatemala estuve en San Pedrito y parte también en el Emiliani, desde el 81 hasta el 89. Luego volví a La Ceiba, al seminario y a la Parroquia de Guadalupe.

 

¿Cómo fue su período como Provincial?

Inicié el 11 de noviembre de 1980 y terminé en agosto de 1989. Fueron tres períodos, de tres años cada uno.

La celebración de los capítulos fue: el primero y segundo en Guatemala (1983 y 1986) y en 1989 en México; y la sede provincial en los dos primeros trienios fue en San Pedrito, después se trasladó al Emiliani de Guatemala.

Las líneas prioritarias se establecían siempre en los capítulos, se hacía hincapié en la parte de la formación como lo básico, lo esencial: ya sea en cuanto a seminarios menores, como el postulantado, noviciado, post-noviciado, teología, etc.: no siempre se logró realizar lo que el capítulo establecía, pero sí, siempre fue lo prioritario como gobierno.

 

En su período provincial le tocó vivir cierta experiencia por el conflicto en El Salvador, ¿cómo enfrentó este problema?

Sí, ciertamente que fueron años duros. Estando en la parroquia de El Calvario viví las famosas ocupaciones de las Iglesias desde 1973 a 1980. pero después siguieron menos. Personalmente siempre apoyé a Mons. Romero. Apoye también a los refugiados, a los "terremotados", en los cuales trabajó mucho el Padre Navarrete y por los cuales se logró conseguir terrenos y construir viviendas para 30 familias de los "terremotados" y 30 de los refugiados. Siempre apoyé al P. Navarrete, quien pidió permiso al gobierno provincial y general para trabajar directamente en estos programas sociales.

 

Después de haber sido Provincial y haber visto ciertos cambios en la lglesia y en el mundo. Y aproximándonos al tercer milenio, ¿cuáles cree que son los desafíos que se le presentan a la Provincia durante este nuevo milenio?

Siempre estamos con el reto de dedicamos con mayor intensidad a nuestra misión peculiar: asistencia a los niños y jóvenes huérfanos y también en la parte escolar. Lo mismo, también en nuestras parroquias, donde podemos dar nuestro aporte en la nueva evangelización, sea directamente trabajando para los necesitados, para los pobres, sea indirectamente en nuestro trabajo pastoral dando preferencia a los pobres como nos pide la Iglesia para América Latina.

Tendríamos que dedicarnos un poco a la formación, a la educación de la niñez y de la juventud, abriendo alguna otra comunidad o también dedicarnos a trabajar para los que más lo necesitan, por ejemplo en el ambiente de El Calvario hay unas personas que trabajan en favor de los huelepega y nosotros les apoyamos en el sentido de que les damos el local para sus reuniones. De modo que el próximo milenio el reto es seguir adelante, según el carisma de nuestro Santo fundador.

 

P. Federico ¿cómo fue su relación con el Cardenal Casariego?

Pienso que bastante buena. La labor que Monseñor desempeñó, fue excelente, aunque tenía sus errores corno todo ser humano; uno de ellos era su carácter que era bastante fuerte, sobre todo para reprender, y no todos aguantamos una reprensión fuerte; considero que era un hombre muy capaz que se hacía respetar y sobre todo, tenía sus amistades que eran las que le ayudaban económicamente para sostener las obras.

 

P. Federico ¿cómo fue su relación con el Cardenal Casariego?

Pienso que bastante buena. La labor que Monseñor desempeñó, fue excelente, aunque tenía sus errores corno todo ser humano; uno de ellos era su carácter que era bastante fuerte, sobre todo para reprender, y no todos aguantamos una reprensión fuerte; considero que era un hombre muy capaz que se hacía respetar y sobre todo, tenía sus amistades que eran las que le ayudaban económicamente para sostener las obras.

 

¿Actualmente usted ejerce el magisterio?

Después de los años de seminario casi no me he dedicado a la enseñanza. Pero estos últimos años enseño latín en el 1er año de filosofía en el Seminario Interdiocesano, San José de la Montaña de El Salvador.

 

¿Alguna vez ha deseado volver o regresar a Italia?

Regresé por primera vez a mi patria después de once años de ausencia. El primer impacto fue tremendo, encontrar todo un ambiente nuevo, y a pesar de que uno ya conoce, se siente un poco extraño. Me quedé unos dos meses; no me dieron ganas de quedarme allá, ya es otro mundo aunque siempre estoy deseoso de ir allá a pasar unos días, sin embargo si me dijeran que escoja entre irme a quedarme allá, yo estoy siempre dispuesto a quedarme acá.

 

Desde su experiencia como somasco, ¿cuál es su mensaje para las nuevas generaciones de Somascos?

Bien, yo pienso que los nuevos somascos que llegan, que se están formando, tienen que seguir adelante a pesar de las dificultades que puedan encontrar en el camino, deben seguir adelante, en el llamamiento de Dios. De modo que yo invito a los nuevos somascos: a seguir adelante trabajando en favor de tanta niñez y juventud que encontramos a diario por las calles y por todas partes especialmente en estos tiempos de post-guerra de Centro América. Todas estas personas necesitadas están clamando porque nosotros les demos una mano.

 Así es que sigan adelante, superen las dificultades que encuentren.

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