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Del Libro "Con Flores a María"
05
Bendita entre las mujeres
Escrito por el p. Miguel
De Marchi.
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Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de júbilo en
su seno. Isabel fue llena del Espíritu Santo. Entonces con su
voz muy fuerte dijo: Bendita entre las Mujeres y vendito es el
fruto y de tu vientre” (Lc. l ,41 - 42.).
"Esta exclamación o aclamación ha entrado, ahora en el Ave María,
como continuación del saludo del ángel, llegando a ser, así una
de las oraciones más repetidas en la Iglesia" (Juan Pablo II).
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"Las palabras del ángel: «Bendita eres», adquieren, cuando las
pronunciamos, resonancias insospechables, indefinibles, siempre
nuevas. Es una expresión que se abre a la maravilla, al estupor,
a la sorpresa" (A. Pronzato).
El Ave María no dice el motivo por el cual Isabel rindió
testimonio a la Virgen de Nazareth. Lo ofrece el Evangelio de
Lucas: "Dichosa Tú por haber creído que han de cumplirse las
cosas que el Señor ha dicho" (Lc. 1,45).
Así, si "la plenitud de gracia, anunciada por el ángel,
significa el don de Dios mismo, la-fe de María, proclamada por
Isabel, indica cómo la Virgen de Nazareth, haya contestado a
este don" (Juan Pablo II)
Con las palabras de Isabel la Iglesia continúa bendiciendo a
María a lo largo de los siglos de la historia. Porque, bien sabe
que "como la mujer había contribuido a traer la muerte, así la
mujer debía contribuir a devolver la vida. Y esto vale,
singularmente, para la Madre de Jesús, que dio al mundo la vida
misma que todo renueva" (LG.56)
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A la luz de María, nueva Eva, adquieren un sentido más profundo
las palabras de Jesús, dirigidas a su Madre en las bodas de Cana:
"Mujer, ¿por qué me dices esto? Mi hora no ha llegado todavía" (Jn.
2,4). Y en el Calvario "Mujer, ahí tienes a tu Hijo" y a Juan,
el discípulo predilecto: "Ahí tienes a tu madre" (Juan
19,26-27). Por su participación en el amor redentor de su Hijo, a los pies
de la cruz, María, la Mujer nueva, a la par del Hombre nuevo,
adquiere, definitivamente, la dignidad de Madre de la Humanidad. |
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En la exclamación y aclamación,
sugerida a Isabel por el Espíritu Santo, es fácil reconocer la
primera expresión del cariño filial con el que la Iglesia,
instruida por el Espíritu Santo, venera, desde siempre, a María
como madre amabilísima.
Bendita Tú entre las mujeres. También nosotros,
en el Ave María, alabamos, con gratitud, a María, la Mujer
bendita que ha cambiado en bendición la maldición de Eva y,
rezando, recomendamos a Ella a todas las mujeres del mundo, a
fin que, iluminadas por el Espíritu del Evangelio, puedan
trabajar, eficazmente, por el bien de la humanidad.
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"Bendita...
porque has creído en la Palabra de Dios, porque has esperado en
sus promesas, porque has sido perfecta en el amor, por tu
caridad sublime con Isabel, por tu maternal bondad en Belén por
tu fortaleza en las persecuciones, por tu perseverancia en la
búsqueda de Jesús en el templo, por tu vida sencilla en
Nazareth, por tu intercesión en Cana, por tu presencia maternal
en el Calvario, por tu fidelidad esperando la resurrección, por
tu ferviente oración en Pentecostés.
Eres bendita por tu gloria en la Asunción a los cielos, por tu
maternal protección sobre la Iglesia, por tu continua
intercesión para toda la humanidad" (Juan Pablo II). |
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