En El Salvador y
otros países latinoamericanos se presenta el caso de la
posibilidad de extraer el oro y otros metales preciosos, a
costa del envenenamiento de las aguas y de la tierra. La
empresa que explota esa industria logra un éxito y ganancia
económica grande, pero daña seriamente la salud y además, la
digna subsistencia de muchos pobres campesinos y campesinas,
dejando mayor pobreza y miseria. Tratamos de abordar la
temática relacionada con la minería y el por qué existe
tanta oposición al respecto.
DEFINICION:
¿QUÉ ES LA MINERÍA?
Según la enciclopedia
Wikipedia, una mina es el conjunto de labores necesarias
para explotar un yacimiento y, en algunos casos, las plantas
necesarias para el tratamiento del mineral extraído. Las
minas también reciben el nombre de explotaciones mineras, o
simplemente, explotaciones. La minería entonces, es la
obtención selectiva de los minerales y otros materiales a
partir de la corteza terrestre. Esto también corresponde a
la actividad económica primaria relacionada con la
extracción de elementos y es del cual se puede obtener un
beneficio económico. Dependiendo del tipo de material a
extraer y beneficiar, la minería se divide en metálica y no
metálica.
La mina más antigua conocida en los registros
arqueológicos es Lion Cave (Cueva del León), en
Swazilandia. En ese lugar, datado hace 43,000 años,
los hombres del Paleolítico excavaban en busca del
mineral compuesto de hierro, la hematita, que
extraían para producir un pigmento ocre. Otros
sitios de similar antigüedad son donde los
neanderthales habrían extraído el sílex para
fabricar armas y herramientas que fueron encontradas
en Hungría. Otra operación minera antigua fue la de
obtención de turquesa, por los egipcios (c. 3,000 a.
C.) en Uadi Maghara, península de Sinaí. La turquesa
también fue extraída en la América Precolombina, en
el distrito minero de Cerillos en Nuevo México,
donde una masa de roca de 60 m de profundidad y 90 m
de ancho fue removida con herramientas de piedra; el
contenido de la mina cubre 81,000 m².
El pico y la maza,
símbolode la minería
Mina subterránea
Las minas
pueden clasificarse siguiendo varios criterios. El
más amplio tiene en cuenta si las labores se
desarrollan por encima o por debajo de la superficie,
dividiéndolas, respectivamente, en minas a cielo
abierto (que son aquellas cuyo proceso
extractivo se realiza en la superficie del terreno,
y con maquinarias mineras de gran tamaño) y en
minas subterráneas (desarrollan su actividad por
debajo de la superficie a través de labores
subterráneas).
En la minería a cielo
abierto los costos
de arranque, excavación y transporte son menores, debido a
la posibilidad de emplear maquinaria de mayor tamaño;
permite mayor recuperación de las capas, venas o filones; no
es necesaria la ventilación, ni el alumbrado, ni el
sostenimiento artificial; permite utilizar explosivos de
cualquier tipo y las condiciones de seguridad e higiene en
el trabajo son mucho mejores.
Por el contrario,
requiere una mayor inversión inicial en equipamiento y
maquinaria; es necesario ocupar grandes extensiones de
terreno y las condiciones de trabajo son a la intemperie.
Además produce un importante impacto visual y medioambiental
(polvo, ruido, etc.) en la zona en la que se desarrolla, lo
cual lleva a un importante rechazo social a su implantación
e incluso al cierre de las existentes.
IMPACTO AMBIENTAL
POTENCIAL DE LA MINERÍA
(de Wikipedia)
Todos los métodos de
extracción minera producen algún grado de alteración de la
superficie y los estratos subyacentes, así como los
acuíferos. Los impactos de la exploración y predesarrollo,
usualmente, son de corta duración e incluyen:
Alteración
superficial causada por los caminos de acceso, hoyos y
fosas de prueba, y preparación del
sitio.
Polvo atmosférico
proveniente del tráfico, perforación, excavación, y
desbroce del sitio.
Ruido y emisiones
de la operación de los equipos a diesel.
Alteración del
suelo y la vegetación, ríos, drenajes, humedales,
recursos culturales o históricos, y acuíferos de agua
freática.
Conflictos con
los otros usos de la tierra.
Tanto la extracción
superficial, como la subterránea, incluyen los siguientes
aspectos:
Drenaje
del área de la mina y descarga del agua de la misma.
Remoción y almacenamiento/eliminación
de grandes volúmenes de desechos.
Traslado y
procesamiento de los minerales o materiales de
construcción.
Se requiere en todo caso, del uso de equipos de
extracción y transporte a diesel o eléctricos, y una
numerosa y calificada fuerza laboral, además de
amplios servicios de apoyo, p.e. un complejo de
transporte, oficinas, talleres y servicios públicos.
El transporte del mineral dentro del área de la mina
y hacia las instalaciones de procesamiento puede
utilizar camiones, transportadores, el ferrocarril,
banda de transporte e incluirá además instalaciones
de almacenamiento a granel, mezcla y carga.
Las minas
superficiales incluyen las canteras, fosas abiertas, minas a
cielo abierto y de contorno, y removimiento de la cima de
una montaña, que puede ser de pocas hectáreas, o varios
kilómetros cuadrados. Estas operaciones implican la
alteración total del área del proyecto, y producen grandes
fosas y canteras abiertas, así como enormes pilas de
sobrecapa.
Las preocupaciones
ambientales de la extracción superficial incluyen las
partículas atmosféricas provenientes del tráfico vehicular,
voladura, excavación y transporte; las emisiones, ruido, y
vibraciones de los equipos y la voladura; las descargas de
agua contaminada de la mina; interrupción de los acuíferos
de agua freática; remoción del suelo y la vegetación; y los
efectos visuales. Se excluyen los otros usos de la tierra en
el sitio durante las actividades de extracción y producción.
Toda mina...contamina
La extracción hidráulica o a draga se realiza,
usualmente, con los materiales aluviales que se
encuentran junto a los lechos y orillas de los ríos
modernos y antiguos. La excavación y procesamiento
se efectúan con dragas flotantes a diesel (de
cangilones y escaleras, de succión, o de rueda de
cangilones), con las bombas y equipos de
procesamiento de primera etapa a bordo; con dragas a
diesel instaladas en la orilla, transportadores,
planta de procesamiento o monitores hidráulicos (p.e.,
poderosos chorros de agua que lavan el material de
la orilla); o con exclusas que recolectan y dirigen
el escurrimiento, y equipos de separación. Estas
operaciones alteran, totalmente, los estratos
extractados y modifican la topografía local.
Durante el dragado,
el material extraído se levanta del fondo mediante succión
y/o excavadores mecánicos y luego se procesa; los desechos
se vierten al agua o al suelo. Se barre el fondo
sistemáticamente, durante la extracción con la draga; ésta
se desplaza por el río o la orilla del mar; se profundizan o
se modifican los canales del río, además, se ahondan los
humedales y las áreas costaneras, dejando grandes montones
de desechos. En las operaciones de arena y ripio, el
material recuperado puede ser llevado a la orilla por
poliducto, transportador o barcaza. Usualmente, se
concentran los minerales a bordo (mecánica o químicamente, o
mediante amalgamación) y se envían los productos de esta
concentración o amalgama a la orilla para mejoramiento o
procesamiento. El mercurio, que es el agente de amalgamación
para el oro y la plata, provoca problemas ambientales muy
especiales. En la explotación de placeres, puede haber
intensiva extracción de los antiguos bancos fluviales, muy
arriba del nivel actual de lecho del río.
La
lixiviación in situ necesita una
amplia red superficial de hoyos, muy cerca el uno al otro, y
poliductos y bombas para recircular el lixiviador por el
cuerpo mineral (y luego de la extracción del mineral, se
bombea una solución de lavado o neutralización). Los
problemas operativos incluyen la pérdida de control del
lixiviador, problemas con la tubería, derrames, fugas, e
insuficiencia del lavado o neutralización. Los impactos
incluyen la alteración del suelo, vegetación, recursos
culturales e históricos, degradación de la calidad del aire
debido a las partículas y las emisiones de los equipos a
diesel, contaminación de las aguas freáticas con el
lixiviador, y de las aguas superficiales con los derrames, y
el ruido de las operaciones (taladros, tráfico, bombas).
La lixiviación in
situ necesita una amplia red local de transporte, una
pequeña y calificada fuerza laboral, equipos (taladros,
camiones, grúas, generadores a diesel, bombas eléctricas),
agua, fuente de energía eléctrica, instalaciones de apoyo (oficina,
taller, almacenamiento y vivienda), campo de aviación, y
caminos de acceso.
La lixiviación
de las pilas de desechos puede involucrar la
extracción de pilas de desperdicios y minas antiguas,
o recuperación secundaria de una operación
permanente, o, lo que es muy común actualmente, en
los depósitos de oro diseminados y pobres,
lixiviación del material recién extraído en grandes
montones, sea en la superficie, o en las fosas
antiguas. Usualmente, se prepara la superficie de la
tierra o el fondo de la fosa, colocando forros y
ripio; se instalan tuberías y se amontona el
material mineral encima (el mineral proviene,
usualmente, de las minas superficiales).
Lixiviación
El lixiviador (principalmente
ácido sulfúrico para cobre y sodio, y cianuro
para oro) se rocía o se vierte encima de las pilas, y luego
se recoge para recuperar los metales. Después del proceso de
lixiviación, se lava el montón, permitiendo que el líquido
se filtre y extraiga el metal, y/o neutralice la pila antes
de desecharla.
Según los datos del
Ministerio de Economía, en El Salvador se encuentran activas
actualmente 23 licencias para la exploración de posibles
minas de oro y otros metales, repartidas en las zonas
montañosas de los departamentos de Santa Ana, Chalatenango,
Morazán, San Miguel, La Unión y Cabañas. Es en este último
departamento, situado al norte de la capital, donde opera la
empresa canadiense Pacific Rim, que ya ha solicitado incluso
las licencias para la explotación de las minas El Dorado Sur
y El Dorado Norte, del municipio de San Isidro, quedando a
la espera de los permisos ambientales que debe emitir el
Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN).
Hasta la fecha, solo hay una empresa, la estadounidense
Comerce Group Corporation, con licencia para explotación de
la mina San Sebastián, en La Unión.
En una reforma hecha
en 2001 a la Ley de Minería de El Salvador, se redujo del 4
al 2 el porcentaje que las empresas deben dar en regalías
por sus ganancias producto de la explotación de minas en el
país, 1% para la municipalidad correspondiente y otro 1%
para el Estado.
Actualmente la
empresa Pacific Rim desarrolla un bombardeo propagandístico
sistemático impulsando su proyecto como “Minería Verde”,
creando falsas expectativas de una minería que está a tono
con el medio ambiente sin provocarle ningún daño. Según lo
expresó el comentario de la radio YSUCA en junio de 2008:
“No hay minería verde. La minería es un negocio sobre
recursos propios de un país, que fundamentalmente daña el
medio ambiente. Por ello, hay que hacer un cálculo serio y
ponderado de ventajas e inconvenientes. Los de la Pacific
Rim afirman que todo es ventaja. Y ahí estriba lo peor de su
campaña. Porque la minería nunca deja las cosas ni igual ni
mejor de lo que estaban. Puede dejar beneficios económicos,
pero ecológicamente siempre hace daño: mucho en el pasado,
menos en el presente si el Estado tiene una legislación
adecuada y los consiguientes mecanismos para controlar los
efectos nocivos de la minería, que siempre se dan.”
Expone además, las
razones por las que el proyecto de minería metálica es
nocivo para El Salvador:
PRIMERO: El Salvador es un país pequeño, y con prácticamente una sola cuenca
hidrográfica grande, que incide en los mantos acuíferos de
una alta proporción del territorio. Tener minería metálica
implica gran consumo de agua y vertidos a esa cuenca
hidrográfica, la del Lempa. Aun habiendo buenos mecanismos
de control, la actividad es en sí misma peligrosa. Cualquier
accidente puede dejar daños que duren siglos. Pretender que
se van a tomar todas las precauciones no es creíble. La alta
densidad de población salvadoreña y la dependencia de la
población de esa cuenca hidrográfica desaconsejan totalmente
el establecimiento de minas.
SEGUNDO: Los mecanismos de control estatales son muy exiguos. La ley del
medio ambiente encomienda el estudio de factibilidad
medioambiental a la empresa que va a realizar la operación
minera. El MARN carece de la capacidad para hacer una
auditoría técnica-científica del estudio medioambiental de
las empresas.
TERCERO: La legislación salvadoreña no está preparada para enfrentar un
desastre ecológico en el caso de que lo hubiera. Ya se ha
visto lo lenta y compleja que es toda la situación legal en
torno al caso de Baterías Récord, o lo difícil de enfrentar
a una transnacional como la McDonald’s incluso en nuestro
sistema jurídico. Demostrar culpabilidad a la Pacific Rim u
otras, exigir una adecuada indemnización adecuada, sería una
tarea prácticamente imposible en nuestro débil y en
ocasiones corrupto sistema judicial.
CUARTO: Los beneficios económicos que van a dejar las empresas mineras
son muy pequeños. Decir que van a pagar más salario a los
mineros no significa nada. El trabajo en la mina es pesado,
peligroso y en todas partes se paga mejor que un trabajo
normal. Pero en la mayoría de los países donde hay trabajo
en las minas, la jubilación se obtiene antes que en otras
labores. Sin embargo, la legislación en El Salvador no lo
permite. Asimismo, la minería produce enfermedades propias y
características contra las que el Seguro Social no está
preparado. La utilización masiva de agua por parte de las
empresas mineras elimina el abastecimiento a los poblados
vecinos, al tiempo que se convierte en una brutal amenaza al
medioambiente. El porcentaje de ganancia que deja al Estado
salvadoreño es mínimo.
QUINTO: Basta con ver
las fotografías de algunas explotaciones mineras metálicas
en Guatemala y Honduras para saber que eso de la minería
verde es una absoluta mentira. No son verdes los tajos y
excavaciones que se hacen. No es verde la basura que dejan,
ni es verde la salud de los que rodean las minas. En el
valle de Siria, en Honduras, hay enfermedad; en la mina San
Andrés, en Copán, Honduras, hay deforestación y daño
ecológico; en la mina Marlin, de San Marcos de Guatemala,
hay desertificación de una amplia zona.
Polvo, enfermedad, contaminación, abuso y mentira son parte
de las empresas mineras en Centroamérica. Lo que queda al
final es más pobreza, y unos recursos nacionales que se han
evaporado. Honduras, el país centroamericano de mayor
tradición minera, es hoy uno de las naciones más pobres del
istmo. Las minas no le dejaron riqueza, sino pobreza. No
existe la minería verde. Lo que existe es una país, El
Salvador, demasiado pequeño como para que la actual
tecnología minera no lo dañe.